La penúltima lágrima
barrida por la suave seda
del pañuelo desconocido
y la mano arrugada
de un beso inconcluso
y una huida cobarde
en dirección contraria.
Deduzco tus pensamientos
en las palabras omitidas
y las miradas traicioneras.
Buscabas soledad
en el sexo sin nombre,
ni apellidos, ni despedida,
ni labios que busquen tu boca,
ni lazos o ataduras
que amarguen el amanecer.
Enhorabuena, una vez más.
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