sábado, 28 de mayo de 2011

Las olas

El mar se agita, coge fuerza y choca contra las piedras del rompeolas. Un velo blanco coloniza la superficie de la ola en su retroceso, el murmullo de la espuma se aleja. Todo se pierde en un horizonte homogéneo, donde el atardecer va dejando paso a tonos rosáceos que colorean el cielo y los destellos en el espejo de agua y sal.

Desde el último espolón alguien fija la vista en la nada. Sus callosas manos se apoyan en una barandilla, de pintura desconchada y muchos atardeceres a sus espaldas, como las de él.

Los recuerdos han sustituido los sueños de antaño. Los pasos se fueron acortando con los años que pasaban y las arrugas que emergían en su rostro. Sus ojos ya no alcanzan la línea del horizonte, pero todo es igual que ayer, todo es como un viejo conocido.

El niño juego con un coche de juguete por carreteras imaginarias de mundos imposibles, bajo las leyes propias de un universo ilimitado. El viejo observa el tierno delirar de los minutos entre las manitas rollizas de su nieto. Una lágrima fugaz, un último instante para otro día que pasa; adiós a los recuerdos y los latidos de amor abandonados.

Agarra la mano del niño, que le mira con una sonrisa; ``¿Nos vamos ya, abuelo?´´ ``Si, tenemos que irnos ya, que se hace tarde´´

Y ambos se alejan del rompeolas, mientras el sol se esconde mas allá del mar y las farolas del pueblo se enfrentan a la noche.

viernes, 27 de mayo de 2011

Resquicio

Temor al reflejo del horizonte

en ese resquicio de mi ventana

donde se apuestan a pares o nones

las sextas líneas de mi pentagrama.


Melodía para dioses del ocaso,

que no rezan por no tener a quien

y nunca beben el último vaso

y solo el fin les podrá detener.


Morirán en un éxtasis etílico

y nunca arribarán a ningún puerto;

se hundirán en el agua del servicio.


Verterán mas calumnias de sí mismos

para volver por tortuosos senderos,

al mismo peldaño del precipicio

jueves, 26 de mayo de 2011

Hoteles y miradas

La mirada dirigida a la ventana no mira a ningún lugar concreto, está perdida, no observa nada, al menos, no con sus ojos. Su cabeza está a cientos de kilómetros, mientras él se quita los zapatos y los deja tirados en la suave moqueta de la habitación de hotel. La lluvia se posa lentamente en los cristales. El cielo está gris, las nubes encapotan la ciudad, y al final todo se tiñe de sombras, incluso ella.

Se gira hacia el interior de la habitación y sus ojos se cruzan con los de él, pero no encuentra nada en la mirada de ese hombre. Apenas, el traslucir del deseo como único conato de sentimiento. Deseo, pero no de ella, sino de su cuerpo, de cada célula que forma la tersa piel dorada, firme y delicada. Él no siente, quizás en otro tiempo, cuando jugaba a amores correspondidos y besos al final de la película, lo hizo, pero los recuerdos se pierden en una amnesia voluntaria. Ahora, todo ha cambiado, ya no volverá a tirar los dados; solo se desnudará, acariazará el sexo furtivo y de contrabando a cien euros la hora y volverá a marcharse. Sin despedidas mas allá de un billete verde sobre la mesilla.

Ambos se desnudan sin hablar, y cuando se han despojado de todo atuendo, él la agarra y empieza a acariciarla, de una forma estándar; ni la pasión del enamorado, ni el desprecio del violador… Solo sus manos, que acarician sus pechos y cada palmo de su piel. Una vez que empieza a sentirse excitado atrae la mano de ella hacia su pene. Ella, habituada al lenguaje sin palabras de los clientes comienza a frotar, mientras la erección cada vez es mayor. Cuando el miembro está completamente rígido en torno a sus dedos, alterna la masturbación con su boca. Lo hace como una autómata, ya no siente el asco de las primeras veces, ahora su mente ha aprendido a evadirse, ella ya no está aquí…

En cierto modo él está excitado, en cierto modo está disfrutando, en cierto modo… pero solo es un artificio. Un placer vacio para un hombre que ha perdido el rumbo y no encuentra sentido. Está solo, quisiera estar a cientos de kilómetros, en otro mundo, pero es imposible. Parpadea una y otra vez, pero sigue viendo la misma habitación de hotel, tan impersonal, tan fría; y ella, esa prostituta sin nombre que en una hora habrá olvidado todo. Pero ahora, sigue penetrando en su vagina, entra y sale, mientras ella finge placer con poca convicción. Ojala todo terminara, ojala ella dijera algo, aunque fuera un hasta luego.

Parece que le queda poco, piensa, pero en el fondo nada cambiara, saldrá de esta habitación e irá a otra, y después otra, y otra… Y se sentirá sucia, e intentara limpiarse en cada ducha, pero será imposible. El agua debería penetrar la piel, colarse en cada resquicio de su organismo, barrer su alma, desinfectar su alma. ¿Por qué no terminas? Le pregunta telepáticamente.

Ya está, eyaculo, saco mi sexo que comienza a ponerse flácido mientras me quito el preservativo y comienzo a vestirme. Ella permanece tumbada, de espaldas.

Ya está, ahora se irá, por fin, y podré seguir soñando.

Deja el dinero sobre la mesilla y se levanta de la cama. Antes de abrir la puerta lanza una mirada atrás y allí esta ella, que se gira. Sus miradas se cruzan, tristes, melancólicas, rotas; por un momento se comprenden, pueden vislumbrar el precipicio ajeno en un instante.

Ella dice: ``Hasta luego´´. Él mira incrédulo, pero contesta lo mismo, con un leve susurro. Después atraviesa la puerta.

Por una vez, no se siente vacio, solo. Sonríe abnegado, mientras se arregla frente al espejo del ascensor.

El agua caliente de la ducha surca su cuerpo sudoroso, se enjabona y se aclara, pero no se siente tan sucia. No esta vez, en este pequeño paréntesis.

En la calle sigue lloviendo, mientras, poco a poco, anochece.

Bienvenida

Volviendo de las entrañas de la vagancia me encuentro, realizando los pilares de un blog cuyo destino es una incógnita... De momento, desempolvar el teclado y mis neuronas son mi principal objetivo. Lo que haré mañana, quién sabe? un relato, un poema o quizás, me sumerja de nuevo en un largo silencio.
Para los que hayan leído a Benedetti, el título les sonará, pues no hice más que robarle un verso a ese delicado asalto a la poesía que es: ``Rostro de vos´´. Y a pesar de todo, hoy no hablemos de adioses, sino del comienzo, o del re-comienzo. Sea lo que sea, bienvenidos a mi pequeño mundo…