domingo, 8 de enero de 2012

8

Matar en sueños los clavos,

posar los pies en la tierra

y caminar por esta ciudad sin nombre.


Reír a la hora de la lluvia

cuando los días se hagan cortos

y el frío choque contra los cristales.


Hablar a los dioses que cayeron

al triste baúl de los olvidos,

al sótano tapiado de mi memoria.


Volar a ciegas y encontrarte.

La ciudad no es tan grande

y nuestro tiempo es eterno.

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